Anthropic, una empresa estadounidense de inteligencia artificial, realizó un experimento en el que asignó a una IA conocida como Claudius responsabilidades de gestión con el objetivo de que dirigiese una tienda. El resultado fue un desastre. El objetivo que se buscaba con Claudius era gestionar de forma eficaz la cadena de suministro, servir a los consumidores y maximizar los beneficios del negocio. Por momento cumplía los requisitos, pero los errores resultaron tan graves que afectaron a los beneficios. Por ejemplo, un empleado falso conversó con la IA en tono bromista y le encargó varillas de tungsteno, con la máquina accediendo a ello, lo que le costó a la empresa un dinero innecesario. Una autonomía excesiva de la inteligencia artificial en el entorno de trabajo que puso dudas sobre su fiabilidad y estabilidad al recibir demasiadas libertades. Desde conversaciones imaginarias con empleadas inexistentes a pedidos que no tienen sentido para el negocio, una muestra de que quizá el ser humano no está tan cerca de ser sustituido por las máquinas en algunos puestos de trabajo. Diario AS
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Dejan una tienda en manos de la IA y todo se desmorona cuando un cliente pide en broma varillas de tungsteno




